01 marzo 2003

HACIA UNA DEFINICIÓN EMPÍRICA DE LA CASTA III: URUGUAYITIS, LOBBY Y MSN.


mi estimadísimo metrosexual porteño:

debo decir que no cayó muy simpático. pero supongo que no sería justo culparte por el desconocimiento de la uruguayitis –incluso cuando tu la diagnosticaste en mí, lo que establece una tranquila incoherencia-; un poco para despejarla, y otro para despejar tu cholula curiosidad, digamos que todo se reduce a mi torpe desempeño en materia de lobby, trauma que arrastro desde la más tierna iniciación a la academia. en realidad, sería más preciso decir que el trauma proviene más bien de los inexorables problemas que me ha causado la práctica no kosher de la mencionada materia.

volviendo al tema de las ideologías de la imagen, estoy de acuerdo con que no es más inocente nuestro caso que el de ustedes, pero no creo que eso sea una moda, más bien es la expresión de un montón de cosas, que juntas, resultan difíciles de explicar. es un tema que últimamente me obsesiona. hace poco formulé una especie de hipótesis al respecto, esta es: más que una clase media, la clase media uruguaya es una casta.

empecemos por el final, que es lo más honesto que uno puede hacer en estos casos. Si le preguntamos a una pareja de la casta de la cuarta generación (entre 23-28) cómo quiere su casa, libertad económica, etc. lo primero que pide es que sea “acogedora”. cuando uno empieza a explorar las imágenes que te describen, aparecen, casi enseguida –después de la madera y los ladrillos, que son un punto obligado- los “adornos”.

Los adornos que la casta prefiere, en la mayoría de los casos no son adornos, son objetos desterritorializados. pero no es que Duchamp se hubiera hecho rico acá. los objetos que la casta prefiere para adornar su casa son láminas viejas o fotos viejas ampliadas y encuadradas de cualquier procedencia, lámparas de kerosene, teléfonos y radios de las primeras que hayan existido, alguna porcelana de la abuela, pero no una especialmente trabajada sino más bien algo de uso cotidiano, ahora sólo útil para su exhibición. toda esa serie de objetos serán dispuestos en el living por la mujer castense de forma que su ubicación “parezaca” casual. finalmente, pintura mental mediante, ambos coinciden en que quieren algo “tipo rústico”.

esta cuestión de lo casual, me llevaba a hablar de la cultura de la anti-imagen, su porqué, el del culto a lo viejo y la concepción de lo rústico-acogedor enaltecido, son las preguntas que me hago.

es fantástica la coincidencia entre el castense y la castense al elegir, por ejemplo un mueble. él quiere que sea fuerte, de material noble y terminaciones prolijas, ella que sea lindo y ambos que sea barato. van a un remate y encuentran lo que buscan: lo viejo es siempre bueno, bonito y barato.

La verdad es que ninguna de estas cosas puede valorarse objetivamente, pero a mi sólo me interesa la de bonito. La belleza es un concepto perdido en el tiempo para el castense, una entelequia a la que no se debe acceder. la búsqueda de la belleza está tan contenida en el castense como la expresión de las emociones en la pietà, hay algo muy renaissance en el barroquismo de un living castense. por eso mientras la porteña se arregla hasta estar impecable, la uruguayita se pone “lo primero que encuentra”, seduce desde otro lugar. ahí entra lo que vos decís, la estética drexler. pero a mi, más que el producto final, me interesa el porqué y es ahí donde entra a jugar la casta, pero lo dejo para la próxima, si es que ya no te aburriste.

saludos uruguayitos y rebeldes,
Idem.