Según expertos en horóscopo chino, éste, es un año de definiciones. “para bien o para mal, -dicen- en este año se sentarán las bases de nuevos rumbos”. Más allá de mi escepticismo irremediable, a veces me gustaría creer en predicciones como esta. Sobretodo porque, como suele suceder en estos casos, las interpretaciones son tan inexorablemente ambiguas, que uno puede imaginarse lo que le pinte. Mi amiga la negra lo decía por la enorme cantidad de parejas que hemos presenciado finiquitarse. Y es verdad, una increíble cantidad se ha disuelto en lo que va del año; para ponerlo en términos más tangibles, cuando éste comenzó, no tenía ni una sola amiga soltera, hoy, apenas seis meses mas tarde, solo me queda una casada, y es la que en verdad lo está.Pero en verdad, y sin menospreciar la vida sentimental de este país, y siendo éste un año electoral, no es raro que el año del mono pueda interpretarse en términos más políticos. Será este el año en que por fin pase algo digno de ser comentado? Será porque la mayoría del tiempo tengo la sensación de que la vida política de este país es tan patética como la futbolística, pero me atrevería a decir que de lo contrario, ya ni siquiera vale la pena votar.
Hace tiempo que renuncié a estar informada. La información es una variable que mi cuerpo no tolera, soy diabética de información. El tema es, según dice el gordo Carbone, que a pesar de que me niegue a tal cosa, la información se va metiendo por los poros aunque uno no quiera. Caminar por la calle es ver titulares, aunque uno no los mire, la tinta va manchando nuestro inconsciente y ni siquiera nos damos cuenta. En este mismo sentido, mi tío predijo la victoria del candidato nacionalista en las internas: “el único jingle que la nena se aprendió fue el de Larrañaga”. Somos tan manejables?
Por los monos?
Y qué tal si todo esto fuera una monada? Uno piensa que elige un candidato, un novio o una carrera. Pero tal vez no es más que una cuestión protocolar que el destino nos da, cual limosna, para hacernos creer que así es, que elegimos. De qué forma se puede entender si no, que haga ya varios períodos que se viene anunciando la victoria, “por crecimiento vegetativo”. Y sin embargo al crecimiento vegetativo se lo come el balotaje, el exilio económico o quién sabe que otros recursos de los astros. Uno piensa que ha elegido una vida, pero tal vez no sea mas que la aceptación del plato que mamá nos puso adelante. “te lo comés todo, te guste o no te guste”.
El hecho es que al caminar Montevideo, no puedo más que preguntarme que será de esta ciudad que es demasiado chica para ser grande y demasiado grande para ser chica. Qué será dentro de dos minutos y dentro de veinte años.
Parecerá ser la misma y estoy segura que habrá cambiado.
La seguiré buscando en la mugre de las fachadas de dieciocho, o la extrañaré mirando las limpias calles de Lund.
Cuando camino Montevideo, no puedo más que preguntarme qué será de mi misma y de Montevideo.