13 agosto 2004

HACIA UNA DEFINICIÓN EMPÍRICA DE LA CASTA V: LA CIUDAD DE LA ALEGRÍA.


“no pido ni cinco, ni diez,
ni quince, ni veinte;
no pido pa´ vino, ni pa´ droga.
Pido pa’ la leche de mis’ijos”

Hubo una época en la que en Montevideo, había vendedores ambulantes. Al principio, no ambulaban mucho, pero así los llamaba igual mi vieja, no sin cierto pesar. Vendían tortas fritas y garrapiñada en dieciocho de julio. Después empezaron a vender cualquier cosa de procedencia china, pero los verdaderos vendedores ambulantes, los que realmente deambulaban por Montevideo y estaban en todas partes, vendían helados o maní caliente y caramelos.

Caramelos Zabala.
Helados Conaprole, helados.

Qué pasó con los caramelos Zabala?

Hoy el ómnibus vivió un acontecimiento que desde la aftosa y el cierre de los bancos no presenciaba. Y hasta por un momento dudé de mi vigilia, dudé de estar viviendo una ilusión y no pude sacarle los ojos de encima, desencajados, al muchacho que sin penas y sin glorias, vino a recitar el versito clásico de venta omnibusera, facturalndo al menos veinte pesos, en medio de un silencio mental incomprensible a mi capacidad de raciocino.

El gordo Carbone me dijo ayer: “El los sesentas la casta se hizo a las armas, en los ochentas dijo, no va más. En los noventas se llenó la panza y los ojos hasta el hartazgo (y yo agregaría más bien, que comíamos desesperados cual bichos a la encandilada, mientras los peces gordos degustaban caviar) pero esta es una apreciación barata y estúpida, lo que importa es que ahora estamos bastante desesperados.

La des–esperación de la casta me crispa los nervios. Es inconducente como la acotación que le hice al psicólogo, e igual de inevitable.

La casta se alza en un gran llanto continuo, porque ahora le está tocando a ella. Le está tocando en lo que más le duele: su propia existencia.

Y lo peor es que no es cosa solo de acá. Y la casta más informada lo sabe, y la menos lo intuye, a pesar de lo cual expulsa a sus hijos pa´fuera. Pablito, un castense de poco más de veinticinco, recibió como regalo el día de su última materia la partida de nacimiento del bisabuelo italiano. Mariana, otra linda castense recivó un beca por una año de la embajada francesa para hacer un posgrado. Tiene que pagarse el pasaje y no puede realizar actividades remuneradas. Alejandra, consiguió trabajo por internet y se va también. Se va a hacerse la América. La corte electoral estima que un diez por ciento del electorado reside fuera de país. Y yo apuesto que es el más joven y formado. Por cada universitario egresado, cuanto gasta el país? Cuanto gastan sus padres mientras estudia en fotocopias y boletos? Cuanto gasta la intendencia en subvencionar esos boletos, que igual son caros para los que tienen que pagarlos de un sueldo de estudiante?

La casta critica y puetea, pero pocas veces a sí misma.

A mi ya no me importa, porque hoy vi a un muchacho en el ómnibus, que vendía caramelos.

Y eran caramelos Zabala.