es el amor una ilusión?
Estudios científicos citados por el licenciado G., muestran (o demuestran) que el amor solo dura, en el mejor de los casos, un máximo de cuatro años. Entiendo que los científicos llaman amor al sentimiento que nuestro cerebro formula frente a una serie de sustancias (que imagino líquidas, como licores empalagosos y embriagantes). Como en realidad no he leído el mencionado artículo, se me ocurrió imaginar que pasados los cuatro años, se nos terminan los polvos mágicos, y nos quedamos sin amor. Pero después pensé que esto no puede ser, pues de ese modo no podríamos volver a enamorarnos pasado el término fatal. Entonces pensé que la cosa debía ser algo más compleja y se me ocurrió lo siguiente:
Lo que se acaba luego de cuatro largos años, es la capacidad de alguna glándula cupidezca de generar el licor del amor frente a los estímulos que ofrece el objeto amado, un olor particular, una cierta forma de caminar o reírse, un lunar exótico acaso, etc, etc. Esta teoría me gustó en principio, pues explicaba mi desamor por facultad al término más o menos exacto de 4 años. Sin embargo, después de meditarlo un poco más, abandoné tal convencimiento. Pues en el fondo, termina siendo una cuestión de percepción, somos los sujetos enamorados los que finalmente nos aburrimos de aquellos estímulos.
De todas formas, el hecho científico que nos interesa es la fatalidad del desamor. Frente a este, que muchos monógamos amantes aceptan, surge la verdadera pregunta: por qué elegir la vida en pareja?
Alejandra dice que “para que te expliquen las materias, te consigan trabajo y te lleven a casa”, pero yo insisto en qué debe haber algo más.
Así que a la fría teoría de los químicos en el cerebro, se me ocurrió contraponer una bastante más improvisada, la llamo: teoría del alter ego y su axioma fundamental es tan simple como irrefutable: los seres humanos, como sujetos enamorados, y como todo lo demás, somos francamente egocétricos. Quién no se ha sentido más lindo, más ocurrente, más astuto o dulce estando enamorado? No es entonces nuestro propio reflejo el que veneramos en el amor? Y no es esto lo que finalmente se desvanece para mostrar las luces y miserias de la realidad misma? No es el desamor del espejo el que entonces nos perturba?
Por qué renunciar a la eterna aventura del soltero? La conquista es una búsqueda del propio alter ego deseado. Quién me hace ver mejor? Quién me hace más feliz? Por qué renunciar a esa vida cual camalote, flexible y de moda? Sólo por la comodidad de poder criar sin culpa la discreta busarda del casado o la culpable celulitis en la cola?
Y entonces, no es por eso mismo que finalmente elegimos, mediante tácito y callado acuerdo y tras la excusa de que es al otro al que aceptamos -y de paso nos llevamos la yapa de creer que hemos madurado- nuestra realidad misma, con sus dulces sombras y todo, que en el fondo es... “lo que hay”?